Ancla la práctica a disparadores ya existentes, recompensa con una mini celebración y reduce la barrera de inicio al mínimo viable. Esa tríada consolida identidad activa sin heroicidades. La música preferida actúa como recordatorio emocional, facilitando repetición casi automática. Con el tiempo, tus canciones favoritas se vuelven pequeñas puertas de entrada a concentración, autocuidado y alegría entrenable, incluso en semanas imprevistas o demandantes.
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